Carta al Editor | Respirar 2026;18(3): 551-552. https://doi.org/10.55720/respirar.18.3.18
1 Universidad del Valle, Facultad de Salud, Escuela de Rehabilitación Humana, Grupo de Investigación en Ejercicio y Salud Cardio Pulmonar (GIESC), Cali, Colombia
2 Universidad Santiago de Cali, Facultad de Salud, Programa de Fisioterapia, Cali, Colombia
Autor corresponsal:
Valeria Pérez-Hortua
valeriaperezhortua35@gmail.com
Recibido:
25 abril 2026
Aprobado:
26 junio 2026
A los Editores Jefe de Respirar:
Reconocemos el valor de la revisión narrativa de Enríquez Popayán y Martínez Camacho por su capacidad para identificar las lagunas en la literatura y cuestionar prácticas basadas en evidencia superada.1 No obstante, consideramos necesario proponer una reflexión que trascienda la vigencia del incentivo respiratorio (IR) por sí mismo, centrándose en el raciocinio clínico como eje de la prescripción.
El IR ha sido objeto de cuestionamiento debido a su uso indiscriminado y a prescripciones no individualizadas. Su finalidad es incrementar la presión transpulmonar mediante inspiraciones lentas y profundas con retroalimentación visual. Aunque la evidencia indica que no supera a los ejercicios convencionales de reexpansión ni fortalece la musculatura respiratoria, estos resultados deben interpretarse con cautela, dado que los efectos pueden variar según la población, el contexto clínico y la forma de aplicación.2 Por ello, descartar de manera absoluta no resulta una postura plenamente justificada.
Por tanto, el problema no radica únicamente en la eficacia del dispositivo, sino en su prescripción descontextualizada. La ausencia de la individualización, la dosificación y la progresión limita su potencial terapéutico y contribuye a resultados clínicos poco consistentes, especialmente considerando que los beneficios del IR suelen observarse cuando se integra con otras intervenciones respiratorias y no como estrategia aislada.2,3
El IR mantiene un valor estratégico en escenarios específicos, como en el postquirúrgico de alto riesgo donde la presencia del fisioterapeuta no es permanente, o en zonas vulnerables con recursos limitados. En estos contextos, el dispositivo fomenta la autonomía del paciente y el mantenimiento de la ventilación, y se ha asociado con reducción de complicaciones pulmonares postoperatorias y estancia hospitalaria en determinados grupos de riesgo.3,4
Coincidimos en que el IR, como intervención aislada en patologías restrictivas instauradas, ofrece beneficios limitados. Sin embargo, nuestra postura enfatiza erradicar la prescripción por inercia institucional. Proponemos trascender la mala praxis mediante una decisión profesional fundamentada en el juicio clínico, complementada con educación al paciente, su familia y un seguimiento oportuno, considerando además que la adherencia y la correcta aplicación influyen de manera determinante en los resultados clínicos.2,5 Más que promover su abandono, hacemos un llamado a priorizar un enfoque individualizado sobre protocolos estandarizados.
Financiamiento: los autores declaran que el trabajo no tuvo financiamiento.
Conflictos de interés: los autores declaran que no tienen conflictos de intereses relacionados con el tema de esta publicación.
Contribuciones de los autores: todos los autores contribuyeron de manera equitativa en la redacción y revisión de este artículo.
Los Editores en Jefe, Dres. Carlos Luna y Francisco Arancibia, realizaron el seguimiento del proceso de revisión y aprobaron este artículo.